Anoche,
mientras dormías
tocó mi mente
tu sueño,
uno de los
tantos que tenías
uno del cual
también era dueño.
Me sumergí en
tu fantasía,
nos
encontramos allí, sin temor;
y sin
palabras fuimos poesía,
éramos mucho
más que el amor.
Y la luz de
muchas lunas
te dibujaron
suave entre mis brazos
eras tú, ya
no tenías más dudas;
tu amor era
uno, ya no tenía más retazos.
Fuiste lo que
quisiste ser
porque sabías
que te amaba,
simplemente
fuiste más que ayer
porque tu
razón en un sueño reposaba.
Y yo fui
feliz, porque te seguí amando,
porque sabía
también que me amabas,
porque tu luz
me siguió alumbrando
y yo siempre
allí, cuando menos lo esperabas.
Mas de pronto
era yo nuevamente
tu sueño me
abandonó a la madrugada,
y mi
mirada cayó perdidamente
buscando en
la poca oscuridad, ya gastada.
Tu recuerdo
tan real en lo abstracto
se proyectó
rápidamente,
tan
concupiscente e intacto
me sosegó
lentamente.
Comprendí
entonces que todo no fue cierto;
tu sueño,
aquel sutil que tocó mi mente
aclaró mi
realidad con letal acierto,
mientras la oscuridad me cubrió lentamente.
