Extrañare
todas las largas horas
que de una en una fui matando
por el solo hecho de atreverme
a robar un beso de tus labios,
los mismos que temblaron
al probar el sabor de lo prohibido,
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
nuestro largo camino
que paso a paso se fue recortando
tanto ya como nuestras distancias
asi nuestros dias, asi nuestros años
y junto al arbol de aquella esquina
tal vez alli te siga esperando,
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
tu dulce mirada
tan timida y predecible en el acto,
en la que quizas nunca jamas
vuelva a ver reflejada mi cara,
tu mirada que solo he de soñar
para volver a mirarme yo mismo,
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
tu encantadora sonrisa
de la que te desprendiste sin mas
la sonrisa que escuche y nunca vi
o la que vi y nunca escuche,
la sonrisa de tu corazon
llamando una y otra vez al mio
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
nuestras largas conversaciones
las que nunca tuvieron inicio,
las que dijeron todo sin decir nada
con gestos mas alla del desatino,
las que hoy son solo torpe monologo
eco de lamento en nuestras cabezas
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
tus besos, tus caricias
que me regalaste cuando lo hiciste,
las que nos hicieron sentir vivos
las que poco a poco nos fueron quemando
y ahora ya casi en agonia
por ti mi cuerpo da un ultimo aliento
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
tu delicado cuerpo
que solo a besos temblaba
y con caricias se fue encendiendo
para apagarse sutilmente
como una vela ya consumida
en el calor de mis manos,
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
el olor de ti
el que dejaste con tu ausencia,
tu rastro de mujer
vaceado en cada parte de mi ser
apaciguandome al anochecer
sobre una cama ya vacia,
pues cuando pase mañana
yo te seguire extrañando.
Extrañare
momentos como este
que de a pocos iras perdiendo en el olvido,
enterrando entre dolor y lagrimas
mas alla de cargar un corazon tan herido,
recordando un amor que nacio en otoño
y murio una tarde de ocaso en primavera,
amor tan prohibido, amor tan esperado,
amor de soñador esperando una sonrisa,
tu cuerpo, quizas tu olor, quizas solo llanto;
pues cuando pase mañana
yo aun más te seguire extrañando.
Tanto dolor
que el alma quebranta,
no se escribe con tinta
sino con lágrimas
tan saladas que parecen
sangre cristalina.
Y éstas brotan
una tras otra desde
el dolido corazón
hasta el ya húmedo
pergamino, dejando
sólo el testimonio
de que esa noche
se sufrió por amor.
Tanto dolor
que el alma quebranta,
no se escribe, ni se llora
en una noche.
Ya que no existen
pocos pergaminos,
ni poco tiempo para escribir;
tampoco existen pocas
lágrimas, ni pocas noches
para sufrir.
Sólo los pergaminos escritos
son el testimonio
de que muchas noches
se sufrió por amor.
Tanto dolor
que el alma quebranta,
no es tan solo tinta salada
en húmedo pergamino,
sino que al leerlos revelan
en sus letras el clamor
tan profundo, tan vivo;
que reclama de los ojos ajenos
más lágrimas con el mismo
y trágico destino.
Y así el dolor ajeno
se convierte en testimonio de
que una y muchas noches
se sufrió por amor.
-Búho-
Quiero vivir un otoño en primavera,
para sacudir de mi lomo flores secas
que en el tiempo se fueron marchitando.
Que caigan también las hojas enteras
donde el sol pinto castañas pecas
hasta que su verde se fue agotando.
Quiero vivir un otoño en primavera
donde desnudo del follaje ya añejo
pueda respirar con efímera libertad;
perderme en el trance de una quimera
y mezclándola a un recuerdo viejo,
devorar ferozmente tu sensualidad.
Quiero vivir un otoño en primavera,
en días color de lis y fríos vientos
que llevan nostalgias sin tristezas.
Ver tus labios que ávidos esperan
con los míos tocarse sin aliento,
un beso, un amor así sin cortezas.
Quiero vivir un otoño en primavera
sentado contigo en inacabables tardes
de eróticas caricias frente al ocaso;
aferrándome a tus manos de cera,
susurrando a tus oídos dulces alardes,
buscando el deseo de un abrazo.
Quiero vivir un otoño en primavera
para que mis besos toquen tu boca,
mientras mis manos besen tu cuerpo;
Convertirme en una enredadera
que con sus ramas tu desnudez toca,
y se embriaga sin ningún increpo.
Quiero vivir un otoño en primavera,
el mismo otoño dos veces al año,
y aquel único año para toda la vida.
Yo resistiendo, oportuno a la espera
para amarte zafio sin hacerte daño;
con la caricia que tu piel nunca olvida.
-Búho-
A estas alturas de la vida, después de haber vivido lo vivido me doy cuenta
de que siempre hay cosas de que hablar, o en este caso en particular escribir.
Y lo escribo porqué no hay mas remedio, ya no hay lugar seguro en el secreto
de otras personas. Los tiempos cambian y las personas también.
Y la historia comienza así, como casi siempre suelen comenzar las historias que alguna vez de ellas hemos sabido.
Érase una vez un niño, hace mucho tiempo.
Sin nada común y mucho menos corriente, que vivía de sus sueños y sus sueños
vivían de él.
Hasta aquel día en que vio entrar por la puerta del salón de clases a aquella niña, en definitiva un ángel,
se dijo a si mismo... es mi ángel.
La inmaculada belleza con aquella mirada tierna e inocente de la niña lo sumió en una eterna pausa de espacio
y tiempo, no sospechaba que era una intoxicación temprana de aquella química de placer, dolor y estupidez que sufrimos los mortales hombres al enamorarnos.
Y fue así que la amo en silencio por horas, por días, por años... hasta que
el sólo verla ya no era suficiente, entonces cual paladín de un mundo de
gigantes y dragones tomo como escudo la verdad y como espada su amor y fue tras
ella, era la única oportunidad que tendría... no habría ya más.
Era necesario aquel sacrificio para ser feliz, y llegado el momento con un corazón
palpitante y manos sudorosas dejo al viento todo lo que le fue concedido, la
oportunidad hecha palabra... aquello que se ha perdido en este nuevo
universo... aquello que los mortales hombres del mundo llamaban una declaración de amor.
Luego de haber agotado semejante locuacidad, la miró y esperó... como suele
esperar el mar, y así como el momento fue eterno, así también fue el silencio,
el silencio de ella, de los dos, los gestos, las miradas sin fin, la indecisión y sin más
se fue, se fue quizás para nunca más volver.
El niño sintió aquel temblor, la oscuridad invadió cada sentimiento, la
tristeza se encargo de romper cada corazón de los miles que tenía solo para
ella. Si existe algo tan lúgubre como la muerte, ese fue el momento. La intoxicación avanzada de aquella química de placer, dolor y estupidez que sufrimos los mortales hombres al enamorarnos.
Así pasaron las estrellas, los soles; así paso el tiempo y el niño se hizo
hombre.
Vivió como tuvo que haber vivido, de risas y tristezas. Vivió pero no
olvido. Mantuvo siempre un lugar para ella, quizás de los mil corazones que
tuvo para su ángel habría guardado aún algunos cuantos.
Fue así que los escondió en un
lugar secreto a salvo de la oscuridad y la tristeza, aquellas que no nos
perdonan.
Pero misterioso es el tiempo, y luego de cien vidas he aquí que sus caminos
volvieron a enredarse cual madeja arrojada a un lanar, y fue así que la volvió a
ver.
El niño ahora hombre la miro, tan diferente y tan igual como fue hace cien
vidas, ya no era un ángel sino una mujer; pero no era suya.
Nunca lo había sido pero sentía como si
cada día hubiese vivido siempre para ella.
Tanto sufrimiento de ella, de él y ahora finalmente juntos. Quería mostrarle
los corazones que salvó de aquel terrible día, los que seguro reclamarían su
olor, su figura, sus cabellos, también su corazón.
El éxtasis de una intoxicación de aquella química de placer, dolor y estupidez que sufrimos los mortales hombres al enamorarnos.
Pero él decidió callar, tuvo temor que la historia volviera a repetirse, que
esta vez la oscuridad y la tristeza terminen con los pocos corazones que tenía
sólo para ella, así que en silencio la miró y esperó, esta vez no como suele esperar el
mar, esperó para toda la eternidad.
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